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Water factory by Andrew Simpson Architects

09.05.16

Empezamos la semana con el cielo nublado y algo de lluvia por aquí, pero el post de hoy nos va a compensar un poco el mal tiempo, ya que vamos a conocer la transformación de un antiguo almacén del Siglo XIX en una impresionante casa llena de luz.

Esta reforma ha sido obra del arquitecto australiano Andrew Simpson y su equipo, que han completado la renovación y conversión de un almacén del siglo XIX en el suburbio de Melbourne de Fitzroy. La vivienda se conoce como la “Water Factory”, ya que el edificio forma parte del patrimonio industrial de la zona (lo que les limitó en gran medida el diseño de la fachada exterior) y en su época albergó empresas destinadas a la fabricación de mermeladas y de aguas gaseosas, así como una agencia de publicidad y una consultoría de ingeniería.

Para esta conversión de edificio industrial a edificio residencial, los arquitectos tuvieron que tener en cuenta la gran cantidad de espacio, por lo que tenían que desarrollar una vivienda familiar extendida, con gran flexibilidad espacial y donde los espacios se adaptasen al continente que disponían. El proyecto, por tanto, se concibe como un conjunto de casas contenidas dentro de una gran envoltura. La planta baja se dividió en dos para crear dos viviendas con entradas distintas para los diferentes miembros de la familia. En la planta primera se crea otra vivienda completa.

Pero sin duda, lo que más nos ha gustado y llamado la atención de esta vivienda es la destreza para conseguir la introducción de la luz natural en ella. Esto se consigue gracias a tragaluces situados en la inclinación de la cubierta a dos aguas, en el norte y en el sur. Un gran espacio abierto en el centro de la vivienda consigue conectar ambas plantas y que la luz consiga llegar hasta la planta baja, unificando espacial y visualmente. La geometría del techo se entrecruza con la estructura original de la fábrica, donde se aprovecha para ocultar la instalación eléctrica. El interior combina con mucha sensibilidad lo antiguo y lo nuevo. Los muros orginales de ladrillo visto se han recuperado y cuidado para integrarlos con los nuevos revestimientos blancos y lisos.

Otra cuestión que nos ha fascinado es la continuidad de la barra de la cocina en el exterior. Una cocina discreta, integrada a la perfección en el salón comedor y que se prolonga en la terraza privada para ampliar su espacio y disfrutar también de ella en los meses de verano.

¿Qué os ha parecido esta antigua fábica convertida en vivienda?

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elena alcón, arquitecta y diseñadora de interiores


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